En muchos proyectos, la implantación del BIM todavía se centra en producir modelos BIM orientados a la representación gráfica y en cumplir con el requisito de entregarlos al cliente una vez finalizado el encargo. Esto representa solo una parte del potencial real del BIM y, además, puede derivar en un uso inadecuado de esta metodología.

El valor del BIM no reside en los modelos BIM en sí mismos, sino en cómo utilizamos el ecosistema que los rodea para apoyar decisiones más sólidas, más rápidas y mejor informadas a lo largo de todo el ciclo de vida de un edificio o infraestructura.

Este artículo resume cómo pasar de un BIM centrado en la obtención de entregables a un BIM centrado en la toma de decisiones, y por qué este cambio resulta esencial para generar valor real.

¿Cuándo deja de ser útil el BIM?

Muchas implementaciones fracasan en su misión de aportar valor añadido por las siguientes razones:

Pliegos contractuales orientados a la obtención de entregables

La mayoría especifican formatos, niveles de detalle y estándares técnicos, pero no identifican qué decisiones debe facilitar esa información ni qué criterio debe permitir validarlas. Por ejemplo, se establecen los “usos del BIM”, pero no el propósito que les da sentido ni la perspectiva de quien los solicita.

KPIs centrados en la calidad del modelo

Es habitual evaluar si “el modelo está correcto”, pero rara vez se mide si el BIM ha contribuido a tomar decisiones de mayor calidad y en el momento adecuado. Las “auditorías de modelo” se centran en verificar el contenedor y el contenido, pero no aquello que ese contenido representa.

Herramientas y flujos basados en checklists

La validación de estándares y la conformidad con ISO son necesarias, pero no suficientes. El riesgo es convertir el BIM en un conjunto de protocolos en detrimento de metodologías de trabajo orientadas a aportar valor. El equilibrio entre la necesaria estandarización y protocolización y la conservación de la agilidad (entendida como la relación óptima entre esfuerzo y valor) en el desarrollo de los encargos puede ser complejo, pero es algo que no debe evitarse.

Gobernanza fragmentada

Cuando quienes generan el contenido de los modelos de información, especialmente los modelos BIM, y quienes toman las decisiones no forman parte del mismo flujo, aparece una desconexión entre la información generada y las decisiones que deben adoptarse.

Un cambio necesario: primero las preguntas, después las soluciones

El punto de partida debería ser las preguntas decisorias que el encargo necesita responder. Este enfoque es el que inspira el concepto de MVIM (Minimal Viable Information Model).

Solo se genera la información estrictamente necesaria para dar soporte a las decisiones clave del proyecto.

En lugar de preguntar “¿qué tenemos que entregar?”, nos preguntamos “¿qué tenemos que decidir y por qué?”. Esto simplifica el flujo de trabajo, reduce la sobreinformación y mejora la trazabilidad.

Cómo implementar un BIM orientado a la toma de decisiones

1) Identificar las decisiones críticas

Identificación de decisiones clave: listar qué decisiones deben tomarse en cada fase (por ejemplo: “¿Seguimos con la inversión?”, “¿Qué proveedor elegimos?”, “¿Existe riesgo de retraso?”).

2) Definir los KPIs

Aplicar Indicadores Clave de Rendimiento al BIM puede sonar muy técnico, pero en este contexto se trata simplemente de identificar, para cada decisión, cuáles son los parámetros que la sustentan.
Si son cuantitativos, se transformarán en datos que deberán incorporarse a los contenedores de información adecuados (modelos BIM, GIS u otras bases de datos). Si son cualitativos, habrá que definir cómo y quién deberá valorarlos.

3) Definir la información mínima necesaria

En la toma de decisiones, el exceso de información es tan perjudicial como su ausencia. Siempre hay que preguntarse:
“Si no dispusiera de esta información, ¿la decisión final sería diferente?”.
Si la respuesta es negativa, esa información es prescindible.

Esta idea está perfectamente alineada con el concepto de LOIN (Level of Information Needed) de la ISO 19650, que establece que cada paquete de información debe estar vinculado a una necesidad concreta.

Este principio se aplica a todo tipo de información, no solo a la incrustada en modelos BIM o GIS, sino también a la almacenada en otros soportes como documentos o imágenes.

También es aplicable tanto a KPIs cuantitativos como cualitativos. En el caso de los primeros, la aplicación del principio de utilidad es clara: solo se compartirán los datos necesarios para realizar análisis que permitan tomar decisiones.
En el caso de los KPIs cualitativos, el mecanismo es más complejo, ya que los métodos de valoración suelen depender de múltiples factores. Por ejemplo, para evaluar la facilidad de mantenimiento de unas instalaciones, será necesario modelar el espacio de registro de las máquinas para su análisis visual y métrico y, al mismo tiempo, introducir propiedades en los elementos que permitan generar las vistas adecuadas (sistemas de clasificación, nomenclaturas de elementos, materiales, etc.).

4) Definir el origen de la información

Para evitar información duplicada o contradictoria, es fundamental establecer quién aportará cada información. Aquí entra en juego lo que la ISO denomina Master Information Delivery Plan.
No obstante, el MIDP coordina qué contenedores de información comparte cada agente, pero no define qué información debe contener cada uno ni cómo debe mostrarse. Por este motivo, resulta útil emplear el mínimo número de contenedores de información (donde los modelos BIM y GIS son un aliado muy valioso) y desarrollar sistemas eficaces para definir la información que debe contener cada uno.

En C+A hemos desarrollado estrategias para simplificar las especificaciones de los entregables, como la Matriz de Alcance (que agrupa en una sola tabla el nivel de detalle geométrico, no geométrico y documental) o el Plan de Producción de la Información (que relaciona los propósitos y objetivos del uso del BIM con los entregables y los hitos, los contenedores de información y los procesos que permiten obtenerlos).

5) Definir la frecuencia de entrega

El BIM encaja mucho mejor con metodologías ágiles de desarrollo (como SCRUM) que con metodologías tradicionales en cascada, ya que busca la interacción continua con clientes y usuarios.
La ISO 19650 establece un proceso concurrente, iterativo e incremental de revisión de los entregables, y recomienda la aceptación parcial de los contenedores de información. Por ello, en C+A recomendamos que clientes y usuarios participen de forma habitual en las revisiones del equipo de desarrollo, como si fueran un miembro más del equipo, aportando feedback que ayude a garantizar la aceptación final de los entregables.

6) Garantizar la accesibilidad

Para tomar decisiones, todos los agentes deben poder acceder a la información necesaria de forma inequívoca. Para garantizarlo, no solo es necesario entregar los contenedores en formatos abiertos, sino también depositarlos en Entornos Comunes de Datos accesibles.

La accesibilidad no se limita al contenedor en sí, sino también a la información que contiene. Por ello, es necesario configurar vistas adecuadas que permitan a los destinatarios interpretarla correctamente, como cuadros de mando, vistas 3D de los modelos, etc.
En este sentido, el uso de Gestores de Temas (antes conocidos como gestores de incidencias) integrados en los ECD resulta de gran utilidad, especialmente cuando permiten vincularlos tanto a vistas de modelos geométricos como a documentos o imágenes.

El BIM no es ni un modelo ni un proceso. Es un sistema de evidencias que puede ayudar a proyectistas, contratistas, subcontratistas, promotores y operadores a tomar decisiones más informadas, más trazables y alineadas con los objetivos globales del proyecto.

Cuando el foco se desplaza hacia el criterio de utilidad en la toma de decisiones, el BIM deja de ser una obligación y se convierte en una herramienta estratégica para mejorar resultados, reducir riesgos y aumentar la eficiencia a lo largo de todo el ciclo de vida del activo.